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lunes, 19 de noviembre de 2012

Cómo criar un hijo misógino


Misoginia

debemos entender que el dominio que el hombre ejerce sobre la mujer data desde hace muchos años, es decir, desde el momento en que el ser humano empezó a organizarse como comunidad, las mujeres fueron desplazadas a ocupar roles menos jerárquicos. A partir de este fenómeno, y bajo ciertas condiciones, se desprende la misoginia. Hoy en día, a pesar de todos los avances que la sociedad moderna puede mostrar, la minimización de la figura femenina sigue existiendo. Incluso países tan avanzados como Estados Unidos, nada menos que en la campaña presidencial de Barak Obama, uno de los emblemas ocupados en su campaña del 2012, fue el que las mujeres que tuvieran puestos jerárquicos similares a sus pares hombres, deberían ganar igual.




Si bien es cierto que esta minimización, no habla de un odio a la figura femenina, si habla de una desigualdad. Cuando nos referimos a una situación misógina, es cuando todo aquello que representa a la mujer es odiado, así sea su trabajo, sus esfuerzos, sus opiniones, hasta su sexo. Es decir, la misoginia es un odio irracional a la figura femenina, y que está iniciado por prácticas desiguales que se dan en la comunidad y trascienden a la crianza de los hijos. Cuando hablamos de criar a un hijo misógino, hablamos que desde el seno de la familia, la pareja, es decir papá y mamá, han creado un ambiente tan desigual, que todo lo que hace la mujer es castigado, denigrado incluso rechazado.

Estos modelos que hacen ver a una mamá tan denigrada y sobajada, puede despertar en sus hijos el inicio de un odio que termine por afectar la imagen de la mujer de por vida. Este fenómeno también es observado cuando tenemos una inversión de roles. Es decir una mamá que hace el rol de papá y viceversa. En este caso, observamos a la mamá como la figura primaria agresiva, con una imagen poco femenina, con actitudes de maltrato a la pareja, y de crear un ambiente inestable. Es en este sentido, en donde los hijos crecen con miedo a la imagen materna, y que existe la probabilidad posterior en convertirse en odio, la cual puede ser asociado a su sexo, mas que a su persona. Si quieres saber más del tema o compartir sus experiencias, escúchenos todos los MARTES DE ACC Especialistas en el programa de Nosotras Hablamos en el 830 A eme a las 12 del día; envíenos sus preguntas o comentarios a www.accespecialistas.com

miércoles, 21 de marzo de 2012

Depresión en la adolescencia...

es un diagnóstico que no es fácil de hacer en etapas tempranas debido a que los cambios de humor, la separación de los vínculos familiares, la busqueda de su identidad son normales a esta edad, sin embargo, es difícil como padres determinar cuando es un exceso y requiere de atención especializada.

El problema empieza cuando el adolescente se siente desamparado por un largo tiempo y comienza a tener pensamientos negativos con respecto a él mismo o a la vida que tiene. Estos pensamientos harán que el comportamiento del jóven tenga cambios importantes.

Estos cambios pueden impactar en la escuela, en su cuerpo o sus relaciones personales, puede ser el bajo rendimiento, cambio de hábitos en su alimentación, perdida o incremento del apetito, aislamiento social, comportamiento destructivo o desafiante, dificultades para dormir o cambio de hábitos en su hora de dormir, irritabilidad, dolores físicos, creencias que lo que le pasa a él o ella es insoportable o que la vida no buena para vivirse, los jóvenes pueden llegar a tener ideas suicidas cuando llega a una situación grave.

Las causas de este padecimiento durante esta etapa no han sido identificadas, puede haber un factor genético que indique que un padre con depresión puede transmitir genéticamente este factor pero también puede influir que los padres deprimidos crean un ambiente que presione a los hijos. Algunos síntomas se han relacionado con el mal funcionamiento del hipotalamo, como alteraciones en el sueño y el apetito, sin embargo en jóvenes no se ha comprobado. Otra de las razones es que el jóven haya sufrido rechazo social, pertenezca a una familia disfuncional, carezca de logros personales y no pueda resolver las problemáticas. Esto hace que el jóven comience a sentir que no es capaz y que no tiene suficiente energía para hacerlo

A continuación tiene usted el programa completo el cual fue el Martes 21 de Marzo 2012 en el programa de Nosotras Hablamos con la participación de la Lic. Alma Hernández

martes, 5 de octubre de 2010

Sabias que el lenguaje es más que sólo articulación


Cuando escuchamos que un niño tiene problemas de lenguaje, generalmente lo primero que se nos viene a la mente, es que muy probablemente este niño no habla de manera correcta, es decir, no se le entiende lo que trata de decirnos o simplemente no habla.

El lenguaje en un concepto más amplio, es la forma de comunicación de nuestros pensamientos, ideas, emociones, deseos, a través de un medio oral, escrito, corporal, gestual, manual, etc.. En fin, es un sistema complejo que nos permite comunicarnos y que nos lleva a aprender durante toda nuestra vida. El hombre no posee el lenguaje desde el nacimiento, sino que lo adquiere por medio de un proceso laborioso a lo largo de su infancia, el cual está ligado a la maduración de la actividad nerviosa superior. La característica mas importante del lenguaje es que gracias a él podemos transportarnos en tiempo, espacio, y acercarnos a nuestros sentimiento.



Este sistema tan complejo, está constituido por 4 niveles: Fonológico, semántico, sintáctico, y pragmático. Estos niveles podemos analizarlos de forma aislada, pero jamás se separan, a pesar de que unos se desarrollen antes que otros, siempre están presentes en nuestro lenguaje cotidiano al mismo tiempo, por lo que, limitar el lenguaje a mera articulación lo dejaría demasiado corto.



Cuando un bebé nace está constantemente rodeado de diversos estímulos que se encuentran asociados a diferentes acciones, por ejemplo cuando los adultos le van enseñando a nombrar las cosas que le van dando, hablar de lo que estan haciendo, mencionar lo que le estamos preparando, y mostrar objetos repitiendo constantemente el nombre de éstos. Estas acciones se repiten una y otra vez con los objetos y su rutina de su vida cotidiana. Así les damos el primer contacto de enseñanza-aprendizaje de este sistema. Es decir estimulamos el nivel semántico.



En los primeros meses de vida del bebe, se da el juego vocal (repetición incesante y sin motivo de sonidos vocales). El cual tiene la finalidad de entrenar y retroalimentar la emisión de fonemas propios y no del idioma, los cuales al paso del tiempo, se van diferenciando hasta acercarse aquellos que son propios del idioma que esta aprendiendo, iniciando con el entrenamiento del nivel fonológico. Constantemente los padres al ir repitiendo los nombres de las cosas estan estímulando esta fase, al igual que estimular la imitación vocal la cual se dá al repetir palabras o frases como el “agugu, agugu” que les hacemos a los bebes, promoviendo en ellos la imitación. Este sistema es el más fácil de distinguir si tiene alguna alteración o no, ya que todos los que participamos en su entorno, podemos distinguir si imita correctamente o no.



Otro nivel es el sintáctico, el cual esta relacionado con las reglas para agrupar las palabras en secuencias gramaticales aceptables de acuerdo a nuestra lengua nativa. Está relacionado con la estructura de las palabras para formar oraciones. Un ejemplo seria, cuando un niño pequeño dice: “Agua papá Guille”, y posteriormente al pasar por un proceso de diferenciación se daría algo cercano al siguiente ejemplo:




  • Agua

  • Agua Guille (Guillermo)

  • Agua papá Guille

  • Papá da agua Guille

  • Papá dame agua.



Por otro lado cabe mencionar la importancia del orden de estas estructuras, ya que el cambiarlo puede afectar el significado de la oración. Por ejemplo:



  • José ama a María

  • María ama a José

  • Ama José a María.



Y por último, tenemos al nivel pragmático, es decir, las reglas para el uso social apropiado y la interpretación de la lengua en un contexto, la conciencia del modo en que modificamos una conversación. Aquí podemos encasillar a lo que caracteriza nuestro lenguaje, es decir el lenguaje propio del mexicano, aquel donde jugamos con los chistes, los albures y las bromas, y así mismo la capacidad de elección de las palabras y la interpretación del discurso que utilizaremos en distintas situaciones. El nivel pragmático está relacionado con el hecho de que los niños muy pequeños no logran comprender los chistes, se ríen por inercia, y lo logran comprender hasta que son ya mayores, hasta que ya tienen un mejor uso de su pragmática.



Como podemos darnos cuenta el lenguaje es más que sólo articulación y podemos estimular su desarrollo todos los días al estar en convivencia con nuestros pequeños. Hay que hablarles, mostrarles y permitirles vivir día a día su lenguaje y nuestro lenguaje, lo único que tenemos que hacer es hablar con ellos y escucharlos. Es decir COMUNICARNOS.



Es fácil decir que tenemos que comunicarnos pero en estos tiempos es difícil hacerlo, o bien, hacerlo al 100%. Podemos estimular el lenguaje en los pequeños a partir de actividades sencillas como el preguntarles y escuchar con atención cómo les fue en el día, entablar una conversación sobre un tema de noticia, pedir a los pequeños que digan lo que quieren de manera oral y no señalando, contándoles un cuento corto por las noches y preguntar sobre este, corregir con respeto y afectuosamente cuando los pequeños articulen mal una palabra, llamar a los objetos por su nombre y no por diminutivos o por otros nombres que suenan bonito, pero que no son su nombre real.



En fin, lo más importante es estar alerta de que nuestros pequeños hablen, digan sus primeras palabras aproximadamente al año (un poco más, un poco menos) y de ahí en adelante se vea un avance en este desarrollo, esperando que alrededor de los 3 años puedan tener un diálogo corto, con algunas fallas articulatorias, pero siempre con la necesidad de comunicarnos que piensan, y que increíbles ideas pasan por sus cabezas. Recordemos que los únicos que no hablan son los bebés y no porque no quieran sino porque aún no pueden.



Por: LTCH. Mariana García Rodríguez